MANCHA ROJA - Momentos para discrepar

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lunes, 1 de julio de 2013

MANCHA ROJA

HABLAMOS CON MARIANO VELASCO

AUTOR DE «MANCHA ROJA»


-Mariano, presenta un poco tú mismo qué es tu libro y a quien va destinado.
MANCHA ROJA
Portada "Mancha Roja"
Pertenezco a esa primera generación que no vivió la Guerra Civil, ni aún su posguerra entendida como los tiempos del hambre, la miseria, el miedo y la persecución. Por eso mismo me considero un miembro más de todos aquellos que conocimos lo acontecido en la contienda y sus secuelas a través de un conjunto de referencias orales que nos fueron contadas por aquellos familiares cercanos —abuelos, padres, tíos— que sí la vivieron y que nos transmitieron con ello su sesgada y en muchos casos imperfecta visión, pues siempre la interpretaron desde el ardor pasional del lado desde el que le tocó vivirla a cada cual y con diferente grado de dolor según el sufrimiento que suscitaba en cada interlocutor. En mi caso particular, lo que quedó fue la idea de la terrible represión sufrida por el abuelo en los primeros meses de la contienda y su fusilamiento posterior, las incautaciones, la penosa vida en el frente de aquellos de la familia que tuvieron que marchar, y el miedo y las muchas penurias soportadas por los que quedaron atrás. Así, pues, he vivido encasillado por tradición familiar y las condiciones de una vida pueblerina y rural en una de las «dos Españas», lo cual no está, ni bien, ni mal, ni tan siquiera es diferente a lo que le vino a ocurrir a la mayoría de los miembros de mi generación. Lo dramático deviene cuando uno no se siente ni piensa según el estereotipo que le tienen asignado; cuando uno elabora su propio posicionamiento ideológico y se sabe distinto a toda esa tradición que tan digna o indignamente le inculcaron, tanto el propio sentir popular, como el más cercano ambiente familiar. Esa ha sido la principal razón que ha motivado que durante muchos años haya vivido con el deseo innato de querer conocer, con un atisbo de objetividad, todo aquello que me habían contado y que nunca alcancé a comprender e interpretar ---¿Cómo fue posible tanta barbarie criminal entre familiares, amigos y conocidos?
Mancha Roja» constituye el compendio de las respuestas que encontré; es el resultado final a esas ganas objetivas de conocer. Si ello se añade la posibilidad de contribuir a clarificar un poco más lo ocurrido con cierta objetividad, ya supone mucho más de lo que nunca pensé alcanzar.
-Me parece que este libro quiere ir a más. Leyéndolo me da la impresión, todo el rato, que me espera otro con nuevas investigaciones. ¿Nos puedes decir algo?
Es cierto. Este trabajo me ha llevado a la conclusión de que sería bueno investigar, escribir y contar todo el pasado que nos permitió llegar hasta este anhelado, largo e irreversible periodo democrático que vivimos en la actualidad. Y ello aún a fuer de considerar que ese pasado lo he de referir desde la perspectiva en que yo lo viví, esto es, varado en un pueblo manchego y rural. Así ha nacido mi última publicación «Colores y Silencios»; una recreación autobiográfica de la vida durante los años 60 y 70, vista a través de sus propios protagonistas en un relato cronológico de los hechos acaecidos. Para escribirlo he escogido la forma literaria de narraciones breves concatenadas, con lo que creo haber logrado un tono desenfadado y coloquial, muy alejado del hacer puro de la investigación, pero no por ello menos fidedigno y real. Queda pendiente, pues, ese nuevo trabajo que debería cubrir el lapso de los años 40/50, precisamente aquellos de esa posguerra que tuve la suerte de no tener que vivir.
-Eres consciente de que estos libros, como el de «Mancha Roja», que tratan e investigan sobre la Guerra Civil (sus antecedentes), aunque sean muy localistas, serán muy leídos no ya tan sólo por gentes de la Mancha sino, también, por investigadores y demás que quieren saber sobre el tema?
No. Al menos no lo fui ni durante el tiempo de la investigación, ni durante todo aquel que duró su concreción. Creo que tampoco lo fui en el momento de la publicación. Por eso me ha sorprendido este modesto interés por «Mancha Roja» desde distintos lugares e instituciones del solar nacional. Estoy muy agradecido, y no siento especial preocupación por la crítica que pueda suscitar. Soy investigador —al menos así lo presupone la "suficiencia investigadora" adquirida previa a la elaboración de mi Tesis doctoral—. Me siento investigador; razón que considero mucho más importante que la anterior. Y el trabajo ha sido realizado desde la ortodoxia académica, utilizando con rigor las fuentes primarias y secundarias, citando —creo—, adecuadamente, y con un reflejo estricto de las mismas en el apartado de «Bibliografía». No me preocupa, por tanto, la posible crítica emanada del contexto investigador. El posible acuerdo o no con las conclusiones… Eso ya es un tema personal que atañe a cada cual.
-Mariano, cuéntanos un poco cómo aconteció la Guerra Civil en la Mancha de Ciudad Real.
La provincia de Ciudad Real, y por tanto su comarca manchega, se mantuvo durante todo el conflicto fiel a la legalidad republicana. No albergó ningún frente bélico. Por tanto asumió un papel típico de retaguardia: asilo para refugiados, suministradora de alimentos, materias primas, combatientes y servicios sanitarios a los frentes bélicos. Salvo en los momentos del «terror revolucionario» acontecido durante los primeros meses del conflicto al amparo del vacío de poder —poco prolongado, nunca llegó más allá de los últimos meses del 36—, la normalización del poder republicano posibilitó una vida «normal» dentro de aquella anormalidad que supuso la Guerra Civil. Después, concluida la misma, Ciudad Real, y muy en concreto su comarca manchega, pagarían muy cara su permanente fidelidad a la República constitucional.
-¿Cómo explicarías qué se vivió, en ésas, tus tierras, el tiempo previo a la guerra, el de la República: los primeros años, aquellos tan ilusionantes?
El 14 de abril de 1931, los pueblos manchegos se encontraban sumidos en una profundísima crisis derivada de la pérdida de los mercados del vino; mercados que constituían, prácticamente, la única fuente de recursos económicos y de trabajo para la población. Toda la cuestión social se encontraba alterada por la cuestión. Sin mecanismos políticos, sociales, ni humanos capaces de mitigar la situación, la gran masa jornalera —casi el 80 % de la población— vivía en extrema situación de pobreza, en los límites de la subsistencia, y en muchos casos, en las condiciones de una miseria absoluta y total. La llegada de la República supuso como un rayo de luz, una colectiva ilusión, la esperanza de que las cosas iban a cambiar. Pronto, a semejanza de otras zonas agrícolas del país, se comprobó que no, que nada cambió en sus vidas, que su miseria parecía no tener fin, que nunca iba a acabar. Los conflictos de las nuevas autoridades, patronos y «amos» con la enorme masa de desfavorecidos fueron constantes. Y la «esperanza republicana» pronto se desvaneció.
- ¿Y los del bienio negro?
El «bienio negro» supuso la constatación de lo que habían preludiado los dos años anteriores: que la República no había sabido responder a las necesidades de la población, y que todo el poder volvía a estar, aun sin monarquía ni reyes, en manos de quien siempre lo ostentó. La radicalización fue extrema, y la revolución de octubre del 34 tuvo en la Mancha importantes precedentes y correlato: durante el verano, con las huelgas de la siega; y en el otoño, con el apoyo insurreccional a la revolución. La falta de organización acabó pronto con la intentona. La represión posterior fue tan brutal que dejó inactiva a toda la masa campesina de la comarca hasta el nuevo triunfo político del Frente Popular.
-La “resaca” de la guerra debió ser dura; seguro que la posguerra da para otro libro; me explico, para más reflexiones…
Sí, sí, sin lugar a dudas… Ya lo he comentado en otra pregunta anterior. La «resaca» fue tan dura que en algunos de nuestros pueblos el resentimiento, el odio y las ganas de revancha parecen no acabar. «Es como si la guerra continuara larvada, siempre presente el enfrentamiento, siempre señalando con el dedo… Ese es tal o cual…Esa familia es…», por emplear las palabras y comentarios que algún lector de «Mancha Roja» me ha hecho llegar.
-Cuando te pusiste a escribir este libro; ¿con qué pretensiones saliste a investigar?; ¿bajo qué prisma geográfico?, ¿por qué?
Creo que también está respondida esta pregunta en el largo prolegómeno que he realizado para presentar el libro. Tal vez añadir que el ámbito de investigación se centra en la Mancha Baja ciudadrealeña, y más concretamente en una de las comarcas agrarias en las que el Instituto de Reforma Agraria la dividió: la comarca de «cereales y viña» que integraba los partidos judiciales de Manzanares y Alcázar de San Juan, y donde los principales recursos económicos y laborales derivaban de la elaboración de vinos y del cultivo de la vid.
- Ciudad Real, la tierra que protagoniza tu libro, es una región que vive y ha vivido de la tierra y de sus frutos…pero sin el trabajo de los campesinos no hay buenos frutos ni buenas cosechas. El elemento del campesinado en este libro cobra mucha importancia y fuerza, ¿cómo lo ves tú? ¿Por qué no nos haces una comparativa entre cómo vivía el campesinado, los hombres y mujeres que trabajaban la tierra, antes y después de la República, pasando por cómo la gente, la más humilde (seguramente de los que más testimonios has recogido) pasaron la guerra y la posguerra más inmediata?
La Mancha de Ciudad Real, al igual que el resto de la comarca manchega —toledana, albaceteña o conquense— y al igual que el resto del territorio rural, en la actualidad nada tiene que ver con la que existió en aquellos años del 36. El sector primario ha reducido su peso específico, rondando el 6 % de ocupación de la población activa total. Aunque sigue teniendo un papel preponderante en los núcleos de población más pequeños (menos de 2.000 habitantes). La Mancha es tierra de paso de los grandes ejes radiales de comunicación, lo que ha convertido a su territorio en uno de los mejor comunicados del país (red ferroviaria convencional y de alta velocidad, sistema de autovías y autopistas, etc.). Ello facilita enormemente la cercanía de los desplazamientos sobre todo frente al gran polo de Madrid; mientras que la implantación del sistema político-administrativo de las autonomías ha dotado a la comarca de infraestructuras —sanitarias, culturales, universitarias— antes inexistentes, de gran calidad. La vida del ciudadano manchego, inclusive del que trabaja el agro, que ya no puede ser llamado ni jornalero ni gañán, en general y al igual que ocurre en el resto del país, nada tiene que ver con la que vivieron quien nos precedió y que he comentado ya. Luego está el momento presente con la crisis actual, y con todo lo que ello implica. Los mecanismos sociales hacen que se soporte mejor. Atrás quedaron los tiempos que en «Mancha Roja» he querido narrar.
-Si hablamos de política, pocas diferencias, me da la impresión, que con las otras zonas….pero me interesaría que nos hablases, un poco, del Frente Popular: cómo se gestó, su evolución.
El Frente Popular en la Mancha supuso la reorganización política de las masas obreras y jornaleras descabezadas en el bienio anterior. Su llegada a las instituciones políticas y por tanto al poder lo fue con un evidente deseo de revancha por todo lo vivido durante el periodo pasado. El ensañamiento con todo «lo conservador», en especial con la iglesia católica y los católicos, fue tan violento que llegó hasta protagonizar las situaciones más zafias y patanas, que derivaron desde prohibir todo tipo de manifestación religiosa, incluso el tocar de las campanas, hasta realizar esperpénticos simulacros de desprecio al culto, desfiles procesionales carnavalescos… La sinrazón y el odio ya no tenían vuelta atrás; la sociedad manchega estaba dividida en dos mitades irreconciliables, y así llegó lo que llegó…
-Antes nos has hablado de la Guerra y de su impacto social, pero nos gustaría realizar un punto y aparte con el conflicto los primeros días. ¿Cómo fue?
Los primeros días del conflicto, en la Mancha, fueron odiosos, violentos, llenos de una fiebre revolucionaria que nadie supo controlar y que al final acabó con episodios de una crueldad difícil de comprender e imposible de justificar. La violencia enseñoreó las calles y pueblos, y cada acto de barbarie realizado por las nefandas tropas golpistas, era seguido de una similar represión. Actuaron —en mi opinión— situándose a una altura de «tal para cual»; asesinatos cometidos en la rienda suelta de un odio atroz, bajo la cubierta de una camisa o un «mono» azul, según la zona de la que queramos hablar. En la Mancha se cometerían bajo la enseña de unas siglas, un puño en alto o esa hermosa palabra llamada «libertad». Triste favor a un régimen legal —el republicano— que tanto había costado lograr, realizado por innumerables incontrolados llenos de un odio visceral —razonable y justificado por todo lo sufrido en el tiempo anterior—, pero absolutamente execrable en su actuación.
-¿Cómo fue la colectivización en la zona que ha sido objeto de su investigación?
Como hemos argumentado ya, en todas las zonas rurales dominadas por el Frente Popular tuvo lugar la correspondiente revolución, aunque sus características variaron mucho de uno a otro lugar. Con el inicio de la guerra, el vacío de poder político tuvo su correspondiente correlato en los niveles económico y social. La organización económica anterior pareció desaparecer en un ambiente de caos social. Ante ello, los sindicatos tuvieron que pasar a organizar las fuentes de producción. Para lograrlo, como primera medida organizaron un sistema de incautación de bienes de instituciones y personas consideradas desafectas al régimen. Luego se procedió a un proceso de explotación de los mismos mediante un sistema de colectivización que permitió que en Ciudad Real se llegara a colectivizar el 82 % de la superficie agraria útil. La improvisación revolucionaria de los primeros tiempos permitió grandes dosis de arbitrariedad que poco a poco fueron canalizadas a medida que el Gobierno central republicano retomó el control de la situación. Con todo, la organización de las colectividades, consiguió que Ciudad Real cumpliera con su papel de proveedor y suministrador de alimentos y materiales básicos para el mantenimiento de la República en su defensa y oposición contra el golpe militar.
-¿Y las tensiones entre los ámbitos libertarios, en Ciudad Real y los integrantes del Frente Popular?
Como en el resto del país. Colaboración desde la incorporación de la CNT al Gobierno de Largo Caballero, integración en las instituciones municipales, resistencia a aceptar la disolución de sus Comités, desavenencias y al final ruptura y separación por la diferente concepción de revolución y del resultado final de sociedad que pretendían lograr.

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