UN FUTURO A IMAGINAR - Momentos para discrepar

Lo último:

Anuncios adaptables aquí (0)

Anuncios adaptables aquí (1)

lunes, 14 de enero de 2019

UN FUTURO A IMAGINAR

Un futuro a imaginar
Que el presente resulta desilusionante para una gran parte de los ciudadanos de este país, eso es evidente. Lo que no resulta tan evidente es entender o descubrir las razones del porqué esto es así… ¿Quizá porque nuestro presente no ha conformado el futuro que propugnaban nuestras expectativas?
¿Y qué futuro nos presentaban nuestras expectativas hace cuarenta años?: un país con una democracia política consolidada, descentralizado, con un Estado fuerte protector y garante de derechos y libertades, justo en lo social, progresista en lo económico, donde tuvieran cabida todas las ideas y formas de expresión política en una plenitud de convivencia cívica que permitiera la realidad de haber superado la permanente y eterna división de las dos Españas machadianas; un país desarrollado donde el Estado funcionara como garante del bienestar de todos sus ciudadanos sin distingos ni discriminaciones de cualquier tipo o índole… ¿Era ese el futuro que imaginábamos?...
¿Y qué hemos encontrado a cambio? Pues, evidentemente, una realidad que no se corresponde, al menos plenamente, con esa visión. Y tal vez sea por eso por lo que vivimos la actual catarsis profética de imaginar un nuevo futuro apologético donde algo terrible va a pasar. Diariamente nos bombardean los agoreros de la catástrofe con sus mensajes apocalípticos; la destrucción de España como bandera: que no habrá pensiones; que se romperá la unidad nacional, que nos gobernarán los independentistas y radicales de izquierdas. Y ante ello no pocas mentalidades conservadoras cambian sus convicciones hacia ideologías extremas absolutamente preconstitucionales, si no abiertamente inconstitucionales; gentes que atizan con auténtico odio y rencor cualquier atisbo de tolerancia hacia la acción política entendida como respeto hacia el que no piensa igual: diálogo, acuerdos, búsqueda de puntos de encuentro en el disenso, no son para ellos sino mera muestra de debilidad, ineptitud y traición hacia unos valores patrios que olvidan —qué curioso— que son aquellos que consagra y valora nuestra constitución, precisamente. Una constitución veterana; sí, pero no obsoleta, que está necesitada del reciclaje modernista que propugnan las formas de sociedad actual; aunque nunca entenderé que se considere modernismo preconizar su demolición.
Pero también puede ocurrir que en el próximo futuro esas cosas terribles no vayan a suceder; que nuestros hijos vivan en una acomodaticia situación donde todo esté establecido y ellos no tengan nada que hacer; donde su futuro venga definido por condiciones de raza, cuna o posicionamiento, donde no exista la capacidad de imaginar que las cosas no son inmutables, que los avances se producen con el cambio, y los cambios siempre son frutos de revolución. Una renuncia en suma a la búsqueda del propio concepto de realización personal, aborregados bajo el paraguas de un poder político concreto en símbolos, banderas, sentimientos patrios… y cárceles y exclusión para todo aquel que no acepte el statu quo y ose discrepar. 
Sí; ese futuro también se puede prever, y no parece menos apologético ni menos terrible que el que predice la destrucción del Estado y los valores patrios, la vuelta a los reinos de Taifas, al permanente estado de guerra, y al pensamiento único como garantía del orden social; execrables predicciones de futuro las dos.
Menos mal que soy de los que piensa que el futuro no existe, que lo por venir nunca llega porque siempre está por delante, que el futuro solamente existe en nuestra imaginación, y que es ahí, precisamente, en nuestra imaginación, donde nunca le dejamos descansar acosado por nuestras inquietudes: unas inquietudes que son las verdaderas condicionantes de nuestra existencia humana: nos preocupa únicamente nuestro propio bienestar, y a él condicionamos nuestra visión de futuro y la realidad, a él dedicamos todo el esfuerzo… Y que le den al resto del conjunto social.
Un individualismo atroz, y un identitario concepto grupal con el que piensa como yo son los nuevos valores ideológicos del futuro político nacional. Esa es la realidad; y ese es el futuro que se hace realidad a cada instante. Pues yo prefiero imaginar un futuro que me permita ser dueño de mi propio tiempo y dar sentido a mi existencia para alcanzar mis realizaciones en paz y armonía con el que no piensa como yo.

1 comentario:

  1. So lo una reflexión,o somos capaces de pensar por nosotros mismos, sin que nadie nos diga lo que queremos oir, teniendo siempre presente la condición humana como tal, de lo contrario lo que llevamos conseguido como sociedad en valores y demás, saltara por los aires. Ya empezamos a ver fragmentos. Me esta esta dando esto bastante que pensar, y recordar tiempos pasados, pero no olvidados.

    ResponderEliminar

Gracias por comentar...

Anuncios adaptables aquí (2)