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| Nueva York desde el río Hudson |
La esperanza de la izquierda ha renacido en los Estados Unidos gracias a la
victoria de Zohran Mamdani en las elecciones para la alcaldía de Nueva York.
Un mensaje sobre cómo responder a la ola reaccionaria en un momento social en
el que el progresismo parece sufrir una auténtica demolición desde los más
básicos y esenciales de sus pilares.
Y es que la izquierda no puede encerrarse en las viejas recetas del pasado ni
en soluciones que ya no se corresponden con los tiempos que vivimos. Se
necesita buscar un nuevo porvenir basado en la imaginación y la audacia, una
propuesta vehemente de un futuro posible, pero diferente a lo que la izquierda
ha venido presentando hasta ahora.
Y eso es lo que ha ocurrido en Nueva York, y lo que está ocurriendo, aunque de
forma más dificultosa y moderada, con el gobierno de coalición de Pedro
Sánchez en España. En tiempos de crisis, para los gobiernos de izquierdas que
normalmente solo y a duras penas pueden intentar mantener los antiguos logros,
esto significa una flagrante derrota, porque están condenados a ser devorados
por el malestar social que surge de la propia crisis.
Es entonces cuando las clases dirigentes tienen que ser empujadas por los
movimientos sociales a tomar otras medidas. Es la gente en las calles la que
enriquece la gobernabilidad democrática de un Estado.
Cualquier sociedad moderna siempre está atravesada por múltiples demandas y
expectativas. Pero en los periodos de crisis general hay una demanda que mueve
a la mayoría de la sociedad: la económica, sea a través de los
salarios, condiciones laborales, o mejoras en los servicios y el consumo. De
modo que cualquier gobierno de izquierdas necesita resolver, en primer lugar,
esas expectativas de bienestar. Luego se pasaría a resolver otras demandas
igual de importantes. Es lo que hicieron Suárez y González en los primeros
momentos de la Transición.
Hay que tener muy claro que los gobiernos de izquierdas son debilitados, y en
su caso, sustituidos, no solo por el asedio al que les someten las fuerzas
políticas de derechas y ultras. Ellas hacen su trabajo y lo seguirán haciendo
sistemáticamente, independientemente de lo que haga la izquierda. Porque las
derechas nunca son demócratas de convicción.
Frente a ello, la izquierda debe ser “irrompible”; tomar unas medidas de
amplio apoyo popular por un lado, y antes que la oposición se organice contra
ellas, saber tomar otras de carácter similar por el lado contrario. Lo
esencial es no perder la iniciativa y el control de los tiempos políticos para
que la oposición tenga que ir siempre por detrás. Eso la hará irrompible y no
frágil como el cristal. Pero para eso ya no valen las viejas fórmulas; se
necesita una nueva iniciativa histórica, una propuesta capaz de sustituir la
iniciativa conservadora de enfrentar a la crisis económica con los ajustes del
FMI. Es lo que ha hecho Zohran Mamdani en Nueva York, recordando que los
impuestos son herramientas que sirven también para corregir desigualdades, que
el coste de la vida puede contenerse, que hay que responder a la derecha con
firmeza y acicatear la movilización social como guía y faro de la nueva
propuesta de progresismo social.



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