LA MANCHA HÚMEDA: DE CENAGAL A RESERVA DE LA BIOSFERA - Momentos para discrepar

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martes, 15 de octubre de 2013

LA MANCHA HÚMEDA: DE CENAGAL A RESERVA DE LA BIOSFERA

Reserva de la Biosfera: La Mancha Húmeda
El día 17 de febrero de 1981, el director general de la UNESCO ratificó en París la decisión de declarar los humedales manchegos como reserva de la biosfera bajo la denominación de «Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda». Se trataba de una superficie de unas veinticinco mil hectáreas de zonas inundables; encharcadas de forma permanente en algunos casos, y de forma semipermanente —en virtud de las condiciones climatológicas— en los demás; constituyendo, precisamente, esta variación hídrica su mayor peculiaridad. Pero apenas cinco años después, alrededor de veinte mil hectáreas de las originales zonas húmedas habían desaparecido o estaban en trance de desaparecer.
Ciertamente; a la altura de 1985 la situación era tan dramática que incluso el propio Comité Español del Programa MaB se planteó la posibilidad de retirar el título de Reserva de la Biosfera a la Mancha Húmeda, dado el rápido y profundo proceso de degradación que se había detectado tan sólo en los cinco primeros años después de de su declaración.
Pero no fue suficiente esta llamada de atención, y la Mancha Húmeda continuó su largo periplo de abandono y dejación durante un dilatado lapso de más de veinte años. Y sin duda así habría continuado de no ser porque en noviembre de 2007 las principales ONG conservacionistas de España solicitaron su desclasificación.
Como consecuencia de esta petición, el Secretario General del Programa MaB de la UNESCO instó al Comité Español a evaluar la situación. Cuestión que se encargó al Consejo Científico del Comité MaB nacional.
El posterior informe de dicho Consejo concluyó en que la reserva de la biosfera de la Mancha Húmeda se encontraba en una situación de clara degradación de los valores naturales que habían llevado a su declaración, y que en consecuencia encontraban razones suficientes como para desclasificar la reserva. Sin embargo, y dando un margen de confianza a la reciente puesta en marcha del Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG), recomendaban aplicar una posible moratoria a la desclasificación concediendo un periodo de tiempo determinado, si bien condicionado al cumplimiento de una serie de objetivos a realizar. Entre ellos el relativo a la obligación de delimitar, cartografiar y zonificar la reserva; y establecer además un sistema de gestión. Se otorgaba, para cumplir el primer objetivo, un plazo de un año (hasta 2009); y de dos años (hasta 2010) para la segunda cuestión.
La Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, en un intento de realizar los objetivos, presentó dentro de plazo una primera Propuesta de modificación de la reserva de la biosfera de la Mancha Húmeda. Propuesta que suscitó un informe negativo por parte del Consejo Científico del Comité MaB español, justificando sus conclusiones en el hecho de que la difícil situación de las zonas más emblemáticas de la reserva (Tablas de Daimiel, Lagunas de Ruidera) se debía a la sobreexplotación de los acuíferos manchegos; por tanto los municipios cuyas extracciones de aguas subterráneas afectaban a los recursos de los mismos tendrían que formar parte de la zona de transición de la reserva a fin de asegurar la adecuada gestión. Algo que no se reflejaba en la propuesta presentada.
Desde aquel primer informe negativo se sucedieron diversas propuestas de delimitación de la reserva que sistemáticamente fueron siendo rechazadas por el Consejo Científico básicamente por la misma cuestión. Y así siguió manteniéndose la polémica, pese a que ello suponía incumplir los plazos máximos concedidos al Comité Mab español, hasta que en un enésimo intento la Dirección General de Montes y Espacios Naturales de CLM planteó una alternativa que, quizá por aburrimiento o hastío, fue informada positivamente por el Consejo Científico y aprobada por el Comité Español del Programa MaB en su reunión del día 24 de septiembre de 2013; esto es, cuatro años después del plazo máximo concedido, siendo aprobada por el Consejo Internacional del Programa Mab de la UNESCO en sesión celebrada en Suecia entre los días 10 y 13 de junio de 2014.
Sin embargo, y pese a la aprobación de la Propuesta de modificación de la reserva de la biosfera de la Mancha Húmeda por el Comité MaB español, y su definitiva ratificación por la UNESCO, la situación que durante años había impedido la aceptación de la misma sigue manteniéndose en la actualidad: a saber, la exclusión, en todo o en parte, de muy importantes términos municipales enormemente consumidores de aguas subterráneas para regadíos, justificándose esta postura, empero, bajo el señuelo de que la regularización de las extracciones de los acuíferos está siendo acometida por el Plan Especial del Alto Guadiana, un plan, extinto de hecho, que nunca tuvo atisbos reales de iniciación.
Así, pues, se ha cerrado en falso la delimitación territorial de la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda. Algo que impedirá que ésta cumpla con rigor las funciones que le corresponden de salvaguarda y protección de los humedales manchegos. Otro «brindis al sol» en cuestiones de protección ambiental, una «pose» oficial para justificar que el Medio Ambiente en España no ha sido nunca y no es otra cosa mas que un mero adorno en el hacer político e institucional, independientemente del «color» que adorne al Gobierno en cada ocasión ¡Qué pena y qué asco da! ¡Mira que haber perdido esta última oportunidad de salvaguardar la Mancha Húmeda, un patrimonio natural casi único en el planeta!... Y luego dirán…

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DATOS DEL AUTOR
Nací en un anchuroso y blanco lugar desparramado por la inmensa llanura. De eso hace ya bastantes años; tantos, que durante ese lapso, primero tuve que hacer las maletas para partir a fin de labrar un futuro laboral, y luego tuve que hacerlas para volver, a fin de poderlo consolidar. Entre medias escribí los primeros cuentos y artículos (afición temprana); y acabé los estudios e investigaciones de la Tesis doctoral que completó mi formación. Que ésta alcanzara el Primer Premio de Investigación a Tesis doctorales del Consejo Económico y Social de Castilla-La Mancha, año 2004, fue algo que me convenció de que al final había aprendido las reglas y cánones del juego por el que se mueve la investigación. Quizá por eso mismo, el Medio Ambiente manchego siempre ha ocupado una parte esencial en mi quehacer. Y aunque exhausto ya de tanta pesquisa ecológica, aún me quedaba un tema —la reserva de la biosfera de la Mancha Húmeda— por investigar. Este pequeño texto constituye la exposición detallada del resultado obtenido. Resultado que pienso —o al menos deseo—, ha de ser el que ponga punto final a este tipo de investigación. Hora es ya de pasar la página sobre estos temas… Porque han sido demasiados los años dedicados a la ecología y al alto Guadiana… Demasiados, incluso para mí.

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CUATRO MIL AÑOS DE ANTIGÜEDAD
Creo que sobre el tema del agua, y más concretamente sobre el tema del agua en la Mancha habré escrito centenares de páginas: acuíferos, ríos, humedales, legislación, acontecer político y social; vamos que prácticamente no he dejado «títere con cabeza» sobre qué tratar en la cuestión. Y todo eso —cosa en principio ni buena ni mala—, a la larga se ha convertido en un tema monográfico que ha llegado a aburrir hasta a un servidor, así que no digamos al hipotético lector. De modo que desde hace unos días, y coincidiendo con la publicación de mi nuevo libro, Diario de un ecologista, dedicado precisamente a esa cuestión del inicio de «la guerra del agua» en nuestra comarca y región, he tomado la firme decisión de intentar diversificar estos escritos, fundamentalmente por la certeza que me invade de reconocer que después de veinticinco años de dedicación monográfica al tema del agua, ha sido poco o nada lo que he conseguido aportar.
Así que la evidencia ha de imponerse y uno debe reconocer cuando tiene que cerrar página (o al menos intentarlo), de modo que ahora en mi magín otros temas intentan llenar este vacío; entre ellos el de la historia comarcal y local, norte que quiero seguir en este nuevo modo de hacer. Así que, clarificadas un poco las cosas, y constatando que yo tenía la decisión de dedicar este espacio para hablar exclusivamente de medio ambiente y ecología; debo reconocer que una cosa son las intenciones y otra la realidad, y que ha sido mi estado de ánimo actual el que ha hecho que se entrometan otras cuestiones de mi interés dando al traste con la intención original. Así que hora es que nos pongamos manos a la obra con la cuestión.
Y en este sentido hoy quiero escribir sobre la Mancha, aunque no la actual, sino que pretendo que nos remontemos algunos años en el tiempo; concretamente quisiera que nos situáramos en torno al lapso de los años 2400/2300 a.C., tiempo en el que finaliza el Calcolítico y se inicia el Bronce en la región. 
Está comprobado que durante los años 2250/1850 a.C. se produjo un evento climático (el 4.0 ka BP ), registrado a escala mundial, que se caracterizó por una aridez extrema que en nuestro territorio produjo un fortísimo aumento de las temperaturas y una regresión importantísima de pastos y niveles de agua. Ello motivó la desaparición de los cursos de agua superficiales y el descenso de los niveles freáticos, lo que conllevaría, necesariamente, una inevitable adaptación socio-ecológica de los pobladores para adaptarse a las nuevas condiciones que les imponía el medio natural, mientras que las actividades agro-pastoriles tendrían que adaptarse para ser ejercidas en un medio hostil… Pero… ¿Cómo pudieron hacerlo?... ¡Esa es la cuestión!
En la Mancha estamos acostumbrados a ver una serie de montículos artificiales localizados mayoritariamente en las vegas de los ríos o en las zonas palustres. Destacan como anacronismos frente a las extensas llanuras. Son las «Motillas»; construcciones, al parecer, de carácter defensivo, dotadas de torre y fuertes murallas de contención. Pero… ¿Cuál es en realidad la verdadera razón de la génesis de estas construcciones que han sido capaces de caracterizar la región, llegándose a hablar de un «Bronce manchego» particular?
Hay que decir que las primeras excavaciones asignaron a estos yacimientos un mero papel de túmulos funerarios sin una gran importancia arqueológica. Pero posteriormente y tras la incorporación a las investigaciones del equipo de arqueología de la Universidad de Granada, dirigido por los catedráticos Fernando Molina y Trinidad Nájera, las teorías de interpretación han ido variando a tenor del avance de las excavaciones, superando las primeras interpretaciones para considerarlos emplazamientos fortificados, centros de poder social y económico-administrativo, que en determinadas ocasiones podían actuar como puntos defensivos en cuestión. Así parecía corroborarlo la existencia de su imponente torre, sus prácticamente inexpugnables murallas y las armas encontradas en su interior. También constituirían un enclave económico: la presencia de silos donde se almacenaban bienes básicos para la subsistencia lo corrobora; lo mismo que se corrobora que fueron lugares donde se vivió y se murió: zonas de hábitat e inhumaciones se han encontrado superpuestas.
Se hallaban distribuidas siguiendo un patrón constante relacionado con aquellos lugares donde el nivel freático se hallaba más próximo a la superficie y por tanto no están necesariamente ligadas a los cauces fluviales. Evitaron la excesiva separación entre ellas, situándose a distancias similares (unos diez o doce kilómetros; en ocasiones menos) funcionando con probabilidad como lugares estratégicos de un territorio que dominaban y abastecían.
En la Mancha, actualmente, se encuentran censadas treinta y una motillas (no es un número cerrado) y todas ellas se encuentran situadas sobre el acuífero 23, principalmente, y pocas sobre el acuífero 24.
Tienen unas características de construcción similares: una torre central con planta rectangular o cuadrada, en torno a la cual se disponen una serie de murallas concéntricas. La función de la torre sería controlar visualmente el terreno circundante, y a ella se accede por una rampa o pasillo estrecho. Rodeando a la torre se construyen varias murallas de forma ovalada y grosor considerable, y a veces, en el espacio que queda entre ellas o entre la primera y la torre, aparecen hornos de alfarería, establos o refugios de animales, graneros y enterramientos por inhumación, lo que hace presuponer que se ejercieran rituales funerarios. Los muros de estas construcciones serían de rocas calizas de medio tamaño trabadas con barro (Azuer) o simplemente yuxtapuestas (Los Romeros).
En algunas motillas se han encontrado restos que indican la existencia de poblados extramuros en un radio de 100/200 metros en torno a la motilla. El poblado se extendería de forma irregular siguiendo las murallas y estaría compuesto por grupos de cabañas ovaladas o rectangulares con zócalo de piedra, barro y materia orgánica, y muy probablemente techadas con ramaje.
Pero han sido las investigaciones más actuales centradas en el gran patio central, lugar donde se abre un profundo pozo que perforó la roca hasta alcanzar el nivel freático del acuífero (en aquella época, para la motilla del Azuer, se situaba a unos veinte metros de profundidad), junto con los patrones anteriormente descritos: situación sobre los acuíferos, y proximidad del nivel freático; los que han dado lugar a un nuevo y parece que definitivo giro a la interpretación arqueológica de estos monumentos. Probablemente estas fortificaciones surgieron para proteger y defender la posesión del agua de dicho pozo en un largo lapso de especial aridez. Después irían tomando otras relevantes funciones de orden económico-social y de jerarquía orgánica y dominio político-militar.
Las «Motillas» de la Mancha constituyen, pues, los pozos más antiguos de la Península Ibérica y datan de un periodo que manifiesta la estrecha relación de las sociedades asentadas sobre estos territorios, desde sus más antiguos poblamientos, con los niveles freáticos del acuífero subterráneo. Esto es, en la Mancha, las relaciones de sus sociedades con las aguas del acuífero 23 evidencian más de cuatro mil años de antigüedad. Un patrimonio que todos los manchegos deberíamos conocer, dado que explica por sí mismo el porqué de muchas de las cuestiones relacionadas con el agua en la región, y además suponen un atractivo turístico, cultural y educativo de enorme valor potencial ¡Lástima que no se esté utilizando adecuadamente! Pero claro, en la Mancha, como pedirle peras al olmo semejante pretensión.

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