ASALTO AL PODER: LA REVOLUCIÓN REPUBLICANA
No hay cosa más manoseada que la historia: comienza en las familias, y termina
en los Estados y Naciones, pasando por tribus, clanes, pueblos y regiones. Por
tanto, ¿hasta qué punto resulta fiable la historia como argumento en cualquier
tipo de controversia o cuestión?
Quizá la más lógica de las respuestas debería provenir del ámbito académico:
solo la historia que se escribe desde el análisis y la investigación, avalada
por su ajuste al método historiográfico, podría presentar el marchamo de un
sello de calidad. Todo lo demás convendría "cogerlo" con el máximo de cuidado
y la más seria precaución, dado que, con la realidad tecnológica actual, hoy
se puede "construir" cualquier historia en pocas horas y difundirla a nivel
mundial. La historia no cotejada, sin comprobación de fuentes, se ha
convertido así en un arma arrojadiza de desinformación muy difícil de
controlar.
Pero quién define la fidelidad al hecho histórico, si ya hemos argumentado que
la historia quizá sea la disciplina académica más dúctil y maleable de cuantas
componen el currículo académico: ¿percibe igual la Guerra Civil, un hispanista
foráneo, que un exiliado o un convencido defensor de los valores del
“Alzamiento”? ¿Lo hace, acaso igual, un irredento defensor del
independentismo, que un nacionalista español?
Creo que la respuesta es obvia, pese a saber que con ello me sitúo en el
blanco de la fácil y ramplona crítica:
"Historia no hay más que una, la verdadera" —podrían argumentar
los detractores de esta teoría—. ¡Craso error!; porque la historia es aquella
que nos transmiten y se quiere creer.
Así que convencido ando de que la cuestión del uso de la historia como apoyo a
los argumentos tendrá más o menos valor según el tipo de relato que se quiera
pergeñar. No es lo mismo tramar una novela de ficción histórica, que escribir
un ensayo para tratar de desmontar con el recurso de la historia lo que se ha
venido considerando como “verdad” oficial.
Reconozco que soy una de esas personas que me gusta utilizar la historia como
refuerzo o apoyo argumental: la posibilidad de la recuperación de la historia,
tantas veces perdida, en la recuperación de la objetividad.
Asalto al poder: la revolución republicana, constituye una inmersión en la historia que pretende, a través del análisis
y la investigación, cuestionar la idea de legitimidad de la llegada al poder
de la Segunda República española, manteniendo la tesis historiográfica de que
la legalidad constitucional vigente permitía la transición de un régimen
monárquico a otro republicano a través de los mecanismos previstos en la
Constitución de 1876, y ello para el caso de que se produjera vacancia del
titular en la Corona real.
Asalto al poder, por tanto, no pretende cuestionar si la República era un régimen que
ansiaba una mayoría popular (que, probablemente, lo era), sino si se
emplearon, o no, los caminos de legitimidad política adecuados para ello.
Y ello, porque solo desde la confrontación y el disenso, es posible llegar a
la interpretación adecuada que posibilite un consenso sobre el problema
tratado. Y la historia se configura en ello como una parte esencial. Lo
fundamental, no obstante, sigue siendo la capacidad de alcanzar un diálogo
franco y la voluntad de entenderse para alcanzar una conclusión.



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