¡Nada mejor para comenzar el día que un baño de hielo! Sobre todo, si estamos en invierno con un par de grados bajo cero —añado de mi cosecha particular—. Como también añado que hay que ser gilipollas para tragarse semejante barbaridad.
Pero lo creen los “machos alfa”, aquellos que se sienten poseídos de un valor especial y que, por tanto, harían cualquier sacrificio con tal de alcanzar la supuesta “perfección”. Son los “bro”, y piensan que su libertad personal y su privacidad se debe anteponer a cualquier tipo de norma social. Por la libertad —dicen ellos— se debe arriesgar cualquier cosa. Su privacidad es mucho más importante que nada que ocurra en el mundo, sean epidemias, hambrunas, guerras o terrorismo internacional.
¿Y qué hace falta para ser un “macho alfa bro”? Autodisciplina. Es decir, un cuerpo y vida perfectos solo necesitan autodisciplina. ¡Con dos bemoles, sí señor!
Es la nueva “cultura bro” una versión descabellada de la hegemonía masculina tradicional que ha sacado a la luz a una machoesfera que predica ira, frustración, odio y cultura violenta de la violación. Apareció en los años noventa, pero parte de las relaciones de los hombres con sus supuestos amigos.
“Los hermanos antes que las putas”, es el lema de lealtad bro, el que les permite acosar y agredir en cualquier forma a cualquier hombre y/o mujer que no piense como ellos o que no acepte su supremacía.
Son hombres jóvenes, blancos, están muy cabreados y tienen menos cerebro social que un mosquito. Su respuesta a la frustración es la violencia física, psíquica o verbal. Se agrupan en etiquetas como Gymbros (fitness), Criptobros (finanzas) o Red Pill (masculinidad). Su discurso se centra en la auto optimización y desprecian a los que llaman “plebeyos” o “panzas”. Van a los restaurantes y solo ven “panzas”: “Cómo va a ser competencia toda esta gente si no saben controlar lo que meten en la boca” —se dicen a sí mismos.
Los “bros” basan su fortaleza en un estatus que mezcla lo físico, lo financiero y lo mental. Optimizar su cuerpo en duchas frías, ayuno intermitente, proteínas, creatinina… Asegurar ingresos pasivos, obsesión por los negocios digitales, ver en cada oportunidad una competición, exhibición de sus éxitos financieros. Y la podredumbre de su “mindset” o mentalidad de acero que oponen ante el fracaso o la crítica externa: aislamiento de todo para enfocarse al cien por cien en sus objetivos personales, priorización de la acción y el resultado, idea de que el caos y los problemas los hacen más fuertes. No creen necesitar a nadie, les basta una cuenta bancaria que respalde su estilo de vida.
¿Y si no lo consiguen? ¿Y si esa cuenta bancaria boyante no existe? ¿Y si les embargan la casa o los bienes? No importa; será una coyuntura temporal que les hace más fuertes porque ellos están destinados al cielo “bro”. Darían lástima si no fuera porque dan pena.
Intelectos atrofiados por sueños de superioridad. Parásitos sociales que no deberían percibir absolutamente nada de lo que les otorga la sociedad. Me preguntó qué pensaría Aristóteles de estos energúmenos que no se consideran “animal social”. Y aunque no sé lo que pensaría el filósofo, sí sé lo que pienso yo: que ninguna de sus teorías ni postulados será capaz de sobrevivir más allá de unas décadas, mientras que el pensamiento clásico ha sobrevivido durante milenios de años.
Pero mientras, esa estupidez de los “bro” joderá a los suyos y a todos los que estén a su alrededor. ¡Valientes gilipollas!



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