POLÍTICA PARA ANDAR POR CASA - Momentos para discrepar

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sábado, 29 de junio de 2019

POLÍTICA PARA ANDAR POR CASA

Hoy resulta un lugar común aquello de "pasar" de la política. Sobre todo entre los miembros de esa generación que por edad y juventud deberían ser a los que más le tendría que preocupar la política y los políticos, precisamente: "¡Son todos iguales! ¡Van a su rollo! ¡Mienten hasta cuando duermen!", son algunas de las lindezas que les vienen a dedicar.
Pero lo que considero aún de mayor gravedad es que en los últimos tiempos esta opinión parece haberse extendido a sectores mucho más amplios de la población, elevando el arco de la edad hasta los límites de la senectud. Y esto ya no es un tema banal, sino algo muy serio que debería preocuparnos en profundidad.
Sabemos que fueron los griegos los que sentaron las bases de lo que podemos entender como "política" en el sentido de ciencia, al menos para el mundo occidental. Los griegos llamaban idiotés a quien no se metía en política. Con ello pretendían designar a toda persona aislada, preocupada únicamente por las pequeñeces de su propia vida. En cambio, hoy, nosotros llamamos idiota a todo aquel que pretende preocuparse por las cosas políticas, es decir, por todo aquello que afecta al conjunto de las gentes en lugar de preocuparse por aquello que corresponde a su único interés. ¡Mucho han cambiado las cosas!, al parecer. Aunque cabría preguntarnos si esto ha sido para bien.
POLÍTICA PARA ANDAR POR CASA
Política para andar por casa
Lo cierto es que los seres humanos no vivimos aislados y solitarios, sino juntos y en sociedad. Lo que implica la necesidad de tener que organizarse. Y esa organización es una cuestión meramente política. Por tanto la política resulta fundamental. Y haríamos bien en ocuparnos más de ella.
Porque el ser humano es social por naturaleza, aserto consumado y aceptado a través de los tiempos. Ya el mismo Aristóteles afirmaba que "el hombre es un ser naturalmente sociable […] solo él percibe el bien y el mal, lo justo y lo injusto". El hombre nace y vive en sociedad, pero no en el tipo de sociedad natural biológica característico de las más variadas especies, sino en un tipo de sociedad diferente, una forma de organización que puede ser modificada, transformada, cambiada por los propios elementos que la conforman. Es decir, los seres humanos vivimos en una sociedad política regida por normas surgidas de convenciones que deben ser obedecidas y respetadas, pero que también deben cambiarse cuando ya no cumplen su función.
Lo que hace que dichas normas convencionales sean mayoritariamente aceptadas, no es otra cosa que la política. Porque la política es esa amalgama que permite canalizar y atajar los conflictos que necesariamente generará esa forma de vida en sociedad impidiendo que esta pueda destruirse a sí misma fruto de sus propias contradicciones internas. Serán las instituciones emanadas de la política las encargadas de esta función. De esta y de otras no menos importantes dirigidas y destinadas a alcanzar el mayor bienestar de toda la sociedad.
Así, pues, la política solo es posible por la existencia de la sociedad y la necesidad de organizarla. Y como todo tipo de organización social es heredera y tributaria de su pasado, y además es propio de su destino estar en constante avance y evolución. La política, como expresión organizativa de la misma, ha de considerarse siempre en la misma dirección; esto es, como un conjunto de teorías que en cada momento de la historia han servido para organizar la sociedad y avanzar el camino de organización deseable en el siguiente escalón de la evolución. De modo que si la sociedad constituye los materiales sólidos que arman el edificio de convivencia humana, la política es la argamasa que permite su unión.
Por tanto, la política y lo político lejos de ser algo ajeno a la mayoría de las gentes, muy por el contrario supone algo congénito y consustancial al ser humano por el solo hecho de vivir en sociedad. El despego, el desinterés, la enajenación de la política que hoy vive una gran mayoría de los ciudadanos, lejos de considerarse algo normal debería ser considerado como lo que es: una grave patología de la sociedad.
Se trata por tanto de reflexionar, de analizar cómo ha sido posible llegar a este estado social y qué cabría hacer para reconducir la situación. Porque si el hombre es un ser naturalmente sociable, de igual modo lo es "naturalmente" político.
Pero al igual que cualquier principio de acción/actuación en la vida requiere el conocimiento previo de las normas básicas —las reglas del juego—, retornar a la política requiere conocimiento de los principios básicos que la rigen: democracia, justicia, leyes, participación… expresiones que utilizamos de manera habitual y que hoy parecen vacías dado el absoluto desconocimiento que hemos llegado a tener de su contenido y valor.
Este texto trata de eso, precisamente, de llenar de contenido una serie de vocablos, expresiones cotidianas que cada día empleamos sin conocer muy bien su sentido. Y pretende hacerlo de una manera sencilla y casi coloquial, evitando en lo posible tecnicismos o un lenguaje elevado que pudiera dificultar el entendimiento, la comprensión y el aprendizaje a cualquier ciudadano sea cual sea su nivel de educación.
Política para andar por casa nace, pues, con la vocación de refrescar y/o recordar en qué consiste, cuáles son las reglas básicas del juego político. Y ello con un solo fin; que volvamos a considerar lo que siempre hemos sido y nunca dejaremos de ser: animales políticos por naturaleza. Y eso pese a tantos como se empeñan en hacernos creer que la política democrática consiste solo en ir a votar: "¡Vota, y no te preocupes por nada más!" parece ser el eslogan que nos quieren transmitir en relación a cuál debe ser el nivel de participación del individuo en lo político, y por tanto también en lo social. Y eso es algo que pervierte la naturaleza y la esencia del ser humano. Algo que no debemos permitir ni soportar.
***
Aún recuerdo con total nitidez aquellos primeros inicios del periplo universitario; con cuánto interés los diversos profesores se esforzaban por inculcarnos la idea de que la materia que habíamos decidido estudiar, la política, en realidad se trataba de una ciencia más. Ciencia social, pero "ciencia" a fin de cuentas. Vamos, que aquello de estudiar Ciencias Políticas no suponía ningún tipo de excentricidad. Desde entonces y hasta el momento actual han pasado muchos años, y aún debo decir que todavía no estoy muy convencido de admitir aquello que con tanto esfuerzo mis docentes me trataron de inculcar. Porque si la política es una ciencia ¿Cómo es posible tanta mediocridad en el acontecer político de la realidad actual?
De modo que lo que yo he llegado a asumir es que cuando recurrimos al concepto de ciencia política, lo hacemos más bien en un sentido amplio y opuesto a lo que cabría considerar como lo que es mera opinión. Es decir, se trata de considerar los temas políticos alejándose de las simples opiniones y creencias, de modo que seamos capaces de lanzar juicios sobre la base de datos contrastados y analizados; ser capaces en suma de analizar críticamente la realidad política y posicionarnos sobre su hacer contextual.
Pero en realidad no es éste el auténtico significado del concepto de "ciencia política", pues su utilización más ortodoxa viene a referirse al conjunto de estudios reglados e institucionalizados que son utilizados y promocionados por esos mentores especializados que son los politólogos, y que tratan de aplicar a la política, en la medida que la materia lo permite, la metodología de las ciencias empíricas.
Suele situarse el origen de la ciencia política en su carácter de empírica en algunas obras clásicas como las de Aristóteles, Maquiavelo, Montesquieu o Tocqueville, sobre todo en la medida que tienden a la formulación de teorías, tipologías y formulaciones de leyes relativas a los fenómenos políticos basándose en el estudio de la historia.
Es evidente, por tanto, que no intento escribir este pequeño texto bajo los auspicios de esta concepción científica de la política. Por el contrario, lo único que pretendo es trabajar en un sentido amplio con el deseo de transmitir algunos principios y algo de conocimiento sobre temas muy elementales y cotidianos, pero que se usan comúnmente con un gran desconocimiento de su contenido y significado. Es decir, lo que trato con ello es que el lector sea capaz de separarse de la opinión vulgar para poder tomar decisiones, asentar sus posicionamientos, y ser capaz de incidir en la formación de esa opinión que debería, por analista y crítica, guiar el espíritu democrático de la sociedad civil.
No es un mal objetivo: alcanzarlo es más difícil porque al fin, de una u otra forma, lo que estamos intentando es transmitir "ciencia social" en su sentido más amplio, si bien en una forma sencilla que permita su entendimiento a la mayor parte de los lectores interesados por esta cuestión.
***
Otro concepto importante sobre el que pretendo escribir es el de "cultura política". Porque soy un firme defensor de la idea de que una adquisición de la adecuada cultura política incide seriamente en la calidad de la democracia que cada sociedad logra consolidar.
El ser humano tiene que buscar siempre más allá de lo que aparece en la superficie. Y en política casi nada se reduce a aquello que se muestra exteriormente durante un periodo de tiempo determinado. Para entender por tanto el sistema político será necesario conocer su comportamiento durante un lapso determinado, pero también aquello que subyace bajo el mismo.
Denominaremos "cultura política" al conocimiento del conjunto de tendencias que configuran el sistema: creencias, valores y capacidades que son comunes al total de la población, así como también las tendencias especiales, modelos y patrones que solo pueden encontrarse en sectores más particulares de la misma. En definitiva, todo el conjunto de cualidades que son trasladadas a la población como consecuencia del mayor o menor grado de socialización política, que es el proceso mediante el cual se inculca a los niños determinadas actitudes políticas y valores, y que posteriormente, una vez convertidos en adultos, utilizarán para ejercer sus diversos roles dentro del conjunto político-social.
La cultura política de cada individuo va a configurar sus actitudes individuales y de orientación con respecto a la política. Pero estas orientaciones individuales se conforman a través de diversos componentes. Uno de ellos son las orientaciones afectivas, sentimientos de apego, compromisos y rechazos respecto a las cuestiones políticas, aquellas que se suelen adquirir en el ambiente familiar. Otro son las evaluaciones, juicios y opiniones que les suscitan los acontecimientos políticos. Por último estaría el conocimiento preciso o no de las instituciones políticas y las creencias que configuran el sistema.
Y si bien, difícilmente se puede incidir sobre las orientaciones afectivas individuales, en cambio si se puede ayudar a lograr un mayor conocimiento/entendimiento de las instituciones políticas, lo que incidirá positivamente en el aspecto valorativo de los juicios y opiniones sobre la política de cada día. Y ese es el conocimiento añadido de la cultura política que este pequeño texto intenta lograr.

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