CARNE DE CAÑÓN intenta analizar y debatir sobre una época
crítica: aquella en la que perdimos el Imperio que durante cuatro siglos había
permitido considerar a España como una potencia mundial. Una potencia en lo
político-militar, claro está, porque nunca se vio acompañada de su
correspondiente correlato de prosperidad en lo económico y mucho menos en lo
social. De este modo los componentes del pueblo llano —los estratos sociales
más bajos; proletariado en un tiempo histórico posterior— nunca sintieron un
gran apego por las colonias puesto que, para ellos, salvo ir a conquistar,
esto es, a luchar y morir, de ellas poco o nada más lograron sacar.
Sin embargo, ese imperio colonial constituyó una auténtica espada de Damocles
sobre sus cabezas, un auténtico impuesto de sangre para toda esa gran mayoría
social menesterosa a la que la pérdida o recluta de sus hijos solía sumir en
una penuria total.



He leído la reseña y, sinceramente, parece más un panfleto ideológico que una presentación de una novela histórica.
ResponderEliminarAfirmar que el Imperio español «nunca se vio acompañado de prosperidad económica» es ignorar siglos de desarrollo comercial, urbano e institucional tanto en España como en América. Sostener que «el pueblo llano nunca sintió apego por las colonias» es una generalización imposible de demostrar y contradice el enorme impacto social que tuvo la guerra de Cuba en la opinión pública española.
Pero lo más llamativo es hablar de los soldados enviados a Cuba como si hubieran ido «a conquistar». ¿Conquistar qué exactamente? En 1898 Cuba era jurídicamente una provincia española, con diputados en Cortes y un régimen autonómico en vigor desde 1897. Aquellos jóvenes no fueron enviados a conquistar un país extranjero, sino a combatir en una guerra civil e independentista en un territorio que el Estado consideraba parte de España.
Sí, existió un injusto «impuesto de sangre», porque el sistema de quintas perjudicaba especialmente a las clases humildes. Eso es cierto y merece toda la crítica. Pero reducir cuatro siglos de historia a que las clases populares solo obtuvieron de las colonias «luchar y morir» es una simplificación tan grosera que dice más de los prejuicios del autor que del periodo histórico que pretende describir.
La historia de España y de Cuba es demasiado compleja para resumirla en un puñado de tópicos regeneracionistas y leyendanegristas. Si una novela necesita empezar deformando el contexto histórico para sostener su tesis, quizá el problema no sea la historia, sino la tesis.
Después de leer este texto, dan pocas ganas de acercarse a la novela. Cuando la introducción ya parte de premisas históricas tan discutibles y de afirmaciones tan categóricas, uno tiene la sensación de estar ante una obra de militancia disfrazada de divulgación, no ante un intento serio de comprender 1898. Gracias!