EL HEREDERO DE TARTESSOS - Momentos para discrepar

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jueves, 4 de junio de 2020

EL HEREDERO DE TARTESSOS

Ya he comentado en otras ocasiones que, dentro de la novela, el subgénero de la novela histórica es el que ocupa mis preferencias y prioridades. Por ello, una gran parte de mis lecturas se dedican a ella. Aunque, hoy, ser aficionado a la novela histórica, es una fuente de duda y casi inseguridad, pues es tal el volumen de publicación que resulta imposible abarcarlo en su totalidad.
Es por ello que, antes de elegir un nuevo título que leer, procuro tomar referencias, leyendo las reseñas que se han podido escribir sobre la obra, los distintos comentarios de los lectores; intentando conocer al autor, y sobre todo, buscando toda esta información en las páginas más especializadas.
EL HEREDERO DE TARTESSOS
Hislibris es una de ellas. Con miles de seguidores y centenares de participantes, sus publicaciones y premios gozan de las máximas garantías. Por eso me dejo llevar por sus consejos, comentarios y reseñas. Y la verdad es que no me suele fallar.
De esta forma, fue como llegué a la trilogía de Arturo González Aizpiri, cuya primera entrega, El heredero de Tartessos, es el título que me propongo reseñar.
De Arturo González Aizpiri podemos decir que nació en Madrid, en 1963; que ha simultaneado sus actividades laborales en el ámbito público, donde llegó a ejercer como secretario general de Cambio Climático, en el ministerio de Cristina Narbona; con el privado, donde, en la actualidad, ejerce como alto cargo de Repsol. Y esta fue la primera “sorpresa” que me ofreció la breve biografía que pude consultar, pues no parece algo usual que un alto cargo del sector energético pudiera dedicar tanto tiempo como se necesita para investigar un pasado tan oscuro y lejano como el que el autor se disponía a tratar. Pero luego, él mismo, en alguna de sus presentaciones, nos facilitó la respuesta: había vivido rodeado de la magnífica biblioteca de autores clásicos que su padre —profesor de latín y griego—, poseía; y que esa fue su auténtica escuela de vida y literatura. Allí formó su filosofía de vida y su amor por la historia. De modo que ya todo parecía encajar.
El heredero de Tartessos tenía unas magníficas reseñas literarias, algunas de los más prestigiosos “gurús” de Hislibris; vamos, de esas que son capaces de garantizar un éxito de partida editorial desde el primer momento. De modo que, con esos antecedentes, ya no me cupo duda alguna: esa era una obra que tenía que leer.
La trama nos sitúa en el año 229 a.C.; Amilcar Barca lleva años intentando reconstruir en Ispania el perdido imperio mediterráneo contra Roma tras el desenlace de la primera guerra púnica. Asentadas las cabezas de puente con el dominio del territorio bético, se dispone a avanzar hacia el norte para conquistar las tierras oretanas. Una ciudad íbera, Hélike, resiste su empuje inicial, pero terminará por caer si no recibe ayuda externa. Su rey, Orisson, decide viajar de incógnito para lograr una gran coalición con los pueblos celtíberos frente a su enemigo común: Cartago.
La historia, por tanto, promete. Y así lo afirmaban gran parte de los comentarios de los lectores. Aunque no todos… Porque algunos de ellos, también de afamados comentaristas y reseñistas hislibreños, hablaban de “fallos tontos”, aburrida al final, dificultad para interesarse por los personajes, clichés del estilo buenos, muy buenos, y malos, muy malos; y por último, chica guapa de noble cuna que se enamora del protagonista de rango inferior.
Con todo ello en mente, me dispuse a afrontar la lectura de la obra, aunque quizá con un espíritu crítico demasiado acusado.
Y debo decir, de su lectura final, que me ha parecido una obra sobrevalorada en exceso, con deficiencias narrativas más que notables. La abundancia y superficialidad de los personajes es tal, que el lector tiene que realizar continuos esfuerzos para encuadrarlos y saber quiénes son, lo que inevitablemente distrae del hilo de la trama. La recreación de los episodios bélicos casi logra citar por su nombre al total de sus protagonistas, logrando un desajuste tal en el lector, que ya no sabe si se trata de íberos, celtíberos, cartagineses, helikenses, o qué. Luego esas aventuras casi inverosímiles de los buenos, buenos, con tesoro incluido, y romance pastel en medio de la guerra, más parece situarnos ante una novela de ficción romántica y de aventura, que ante una novela de corte histórico.
En definitiva, mi opinión personal pasaría por calificar el texto como una obra primeriza de un escritor aún por hacer. Que apunta maneras, también; por lo que no estará de más seguir su obra posterior, especialmente la que cierra la trilogía de este libro reseñado. Aunque, a decir verdad, y dado el cansancio que me ha producido leer su fase final, casi, casi, que esas lecturas tendrán que esperar.

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