FILOSOFÍA Y SOCIEDAD (VIII) - UN POCO MÁS DE FILOSOFÍA - Momentos para discrepar

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lunes, 29 de junio de 2020

FILOSOFÍA Y SOCIEDAD (VIII) - UN POCO MÁS DE FILOSOFÍA

Creo que realizo este tipo de post tan solo por mero entretenimiento. Si acaso, también, porque me gusta escribir estos pensamientos que, en definitiva, para mí suponen algo bueno que compartir; al menos, con aquellas gentes que aprecio. Porque la filosofía no es un tema que esté de moda; eso lo sabemos. Lo que no sabemos, es todo lo que nos perdemos tan solo por el hecho de vivir alejados de ella: ver la vida a través de conceptos filosóficos, es algo que puede cambiarlo todo; el mundo puede interpretarse de forma más abierta y libre, porque las personas que practican o leen, cada día, un poco de filosofía, pronto consiguen sentirse mucho más profundas y sensibles. La filosofía, lejos de ser algo exclusivo para unos pocos, debería ser algo habitual para todos; sencillamente, porque de este modo podemos llegar a sentirnos mucho más humanos.
ÓLEO DE MARÍA ARIAS
Por eso, la seguridad de que aprender y practicar filosofía, lejos de ser una excentricidad, es un regalo que uno puede hacerse a sí mismo con poco esfuerzo, es algo beneficioso; dado que la filosofía no es, o no debería ser, solo cosa de filósofos, esa especie de “bichos raros” que parecen situarse en un escalón superior, sino algo que debería resultarnos habitual, al menos en su sentido práctico.
Soy de lo que piensan que hoy, de nuevo y lentamente, comienza a volverse la mirada hacia ella, porque el desencanto social imperante hace que mucha gente busque algo que vuelva a dar sentido a sus vidas.
El socrático “Conócete a ti mismo”, es un clásico imperativo que pretende insistir en la idea de que la búsqueda de la verdad siempre está en nosotros mismos. Pero, siglos de oposición, con Dios, la ciencia, y todo tipo de ideologías con respuestas prediseñadas, vinieron a desmerecer la importancia de ese tipo de pensamiento.
Sin embargo, el pensamiento filosófico es mucho más rico y enriquecedor, ya que nos anima a cuestionarnos y pensar de forma crítica y abierta las diferentes perspectivas y/o alternativas. Porque hay que aprender cómo funciona realmente el mundo, frente a cómo nos gustaría que funcionara. Y para ello hay que aprender a razonar correctamente como única alternativa de enfrentarnos al mundo tal y como es.
Resulta curioso comprobar que las más importantes agrupaciones y colegios de psicólogos —a ambos lados del Atlántico—, presentan en sus anuarios y estadísticas una realidad incuestionable: que más de la mitad de sus pacientes son personas que se encuentran en la mitad de su vida con un recurrente: han perdido, no tienen o no encuentran un sentido a sus vidas.
Porque resulta un nexo común entre todos los humanos llevar una vida acorde con lo que la sociedad y los demás esperan de nosotros. Es decir; hacemos lo que debemos hacer según las costumbres y valores sociales, y pocas veces hacemos lo que queremos ser o hacer. Y esta realidad suele despertarse en nuestras conciencias cuando ya hemos concluido esas tareas —estudiar, trabajar, alcanzar un puesto, formar una familia, asegurar el camino a los hijos—. Es en ese momento, repito, cuando muchas personas se cuestionan si hicieron en la vida algo positivo para ellos mismos. Es el comienzo del camino de la individualización, aquel que, sin dejar de lado lo construido, da comienzo a una búsqueda introspectiva de nuestro propio yo. Aquello del “Conócete a ti mismo” parece cobrar de nuevo todo su sentido.
Lo que ocurre es que son demasiados los que no lo encuentran, y han de ayudarse de especialistas y terapeutas engrosando las estadísticas de las nuevas enfermedades —ansiedad, estrés, depresión—, que hoy asolan como una pandemia a la humanidad.
Es en ese escenario en el que yo propongo a mis seres queridos, amigos, lectores, un poquito de práctica filosófica cada día, de igual manera que se realiza un mínimo de ejercicio físico cada día.
Leer un principio, una máxima, detenerse en ella, pensarla, es una terapia fácil enormemente enriquecedora. Pongamos, por ejemplo, a Epicteto: “Examina en todo momento tus impresiones; pregúntate ¿esto es algo que está o no bajo mi control? Porque si lo está, puedo ocuparme en trabajar, en influir en ello; y si no lo está, tendré que aceptar las cosas como son. Porque es de necios pedir que las cosas lleguen como deseamos. Las cosas son como son, y no son ellas las que nos dañan, sino la interpretación que nosotros hacemos de las mismas”.
No está mal como pensamiento que meditar ¡Verdad! Pues eso, poco más por hoy; unos minutos de filosofía como el mejor regalo que compartir.

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